Desnudo literal

Día 2

Escribir es exponerse. A veces, releer una declaración puede ser más bochornoso que ese “selfie” que lamentablemente nunca le mandaste a tu pareja. Lamentablemente, porque estoy segura de que es más fácil avergonzarse de lo que expresaste en algún momento que de un retrato de tu cuerpo a los quince, o veinte años. Sí, existe algo peor que el “body shaming”: el “text shaming”, donde agarras una lupa y sometes al escrutinio más severo no sólo lo que dijiste sino lo que quisiste, o dejaste de decir. O una epifanía tardía que te revela que había formas mucho mejores de expresarlo.
Puedo apostar que si, de repente, esos escritos adquirieran forma humana, sólo notaría sus adiposidades, arrugas profundas. Verrugas. Jorobas.
Escribir te hace vulnerable. Te desnuda. Pero sólo antes los ojos de quien te lee. Es un strip tease que aunque es apto para todo público, no es para todo el mundo.


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